El lobby de los huelguistas

A todos nos habrá pasado alguna vez: haber sufrido un atasco, retrasos en el metro, sufrir la suciedad en las calles o la cancelación de un vuelo. Pero si esto se debe por la huelga de algún sector de la sociedad también habremos sufrido a la vez un sabor agridulce. A nadie le gusta estar trabajando en unas condiciones de explotación o en condiciones peores al resto de la sociedad, pero a la vez a nadie le gusta disponer de peores servicios por “culpa” de un grupo de personas que deciden realizar una huelga. Y esto cada vez más está provocando tensiones entre todos los trabajadores.

Personalmente hace pocos días sufrí la cancelación de un vuelo al volar hacía Francia, al intentar informarme de que es lo que estaban pidiendo estos trabajadores vi que desde 2009 se han sufrido 53 días de huelga en los que los cielos de Francia han sido cerrados por un grupo de personas. Y esto me molestó especialmente, que haya un grupo de personas que puedan disponer del tiempo y dinero de los demás a su antojo. El derecho de huelga es un derecho fundamental en una sociedad, pero no se puede hacer un abuso de ese derecho por ciertos colectivos de los cuales  depende un país. No es aceptable que por qué un grupo de personas no estén de acuerdo con sus condiciones laborales decidan de forma unilateral fastidiar la vida a otros ciudadanos. Y esto no sólo pasa en este sector, otros muchos como el sector de las empresas de coches compartidos como Uber o Blablacar han sufrido en sus carnes como el lobby de los taxistas o conductores de autobús imponían su criterio con el uso de la violencia.

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Cada vez más la sociedad no traga con este tipo de actuaciones, ya que en todos los sectores laborales han habido recortes o empeoramiento de las condiciones. Pero no en todos se tiene tanta fuerza como para bloquear un país. A veces me gustaría que una de esas personas que tanto defiende este tipo de actuaciones sintiese en sus carnes que pasaría si un día necesita ir al hospital de urgencias y ese día los médicos no quisieran atenderle, o si algún día sufre un atraco en su casa y la policía no acudiese por estar defendiendo sus derechos en la puerta del Sol.

En definitiva, todos deberíamos pensar cuales son los resultados de nuestros actos. Y si con estos actos estamos realmente luchando por nuestros derechos o simplemente haciendo la vida un poco más difícil a personas que como nosotros madrugan, trabajan o tienen  que aguantar a un jefe que no soportan. Como decía Jean Paul Sartre  “Mi libertad termina donde empieza la de los demás”.

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